jueves, 18 de junio de 2009

La Infinita Temporalidad de la Música- I

Siempre me pasa lo mismo: cuando al fin logro deshacerme de esta sórdida computadora y desempolvo algunos de mis viejos, viejísimos CD’s, la nostalgia me atraviesa la espina como morboso flechazo de tiempos pasados.
 
En términos mediáticos, -para aquéllos ociosos que no se separan de la tele- cada temporada de mi vida tiene su propio soundtrack. Y uno siempre vuelve a escuchar melodías pasadas, piezas cargadas de significación, sonatas gastadas, melancolías armoniosas, delirios musicalizados, alegrías sonoras y tristezas perennes perpetuadas en mp3, en CD, qué sé yo…

Seguro a usted le ha sucedido lo mismo, cuánto más si se ha desenvuelto en los pormenores de una corriente, paladeado las melodías de algún o hubo una época de su vida en que no soltaba el disco de (…) que de tantas veces tocado terminó por ser un diabólico remix del caos. 

Yo nací en la época en que los acetatos seguían siendo onda. Honestamente no lo recuerdo ya, pero a mis seis años ya tenía mi primer CD de… honestamente no me acuerdo, seguramente fue de alguna ñoñez popera de la que podría avergonzarme, así que lo omitiré negligentemente de la lista. 

Hago aquí un recuerdo cómico-mágico-visual-nostálgico de las melodías que marcaron profundamente los periodos de mi vida. No haga mucho caso de la impertinente mezcla de estilos… siempre he sido un cocktail de contradicciones. Comenzaré hasta donde mi desmemoriado archivo musical se puede estirar.

Temporada infantil: Los pavorosos 90’s

Yo fui el hazmerreír indiscutible de mis compañeros de primaria entre otras cosas, por mis gustos musicales. Claro, las escasas coincidencias que teníamos eran las únicas que me podían unir al grupo de niñas con las que me junté a lo largo de dichos años. ¿En qué coincidíamos aquéllos rufianes y yo? Obvio, en el pop más mediático y desdeñable de aquéllas épocas:

En las kermeses de la escuela, el minúsculo salón adaptado con papel de china en las ventanas y unas coloridas lucecitas prestadas por alguna solícita mamá no podían faltar estos hitazos...

Shakira: En esas fechas, para mí era onda. Cuando se tiñó rubia Miss Clairol se olvidó de agarrar la guitarra. “Estoy Aquí” era la más socorrida entre la chamacada. Aún escucho esas rolas de vez en cuando y no puedo evitar pensarme con mi falda azul tableada y mi mochila morada.

Fey: Cuando ella aún era joven todos trajimos el sonsonete de la canción esa “La media Naranja”. Confieso que yo también me puse pantalones a cuadritos y una mascada en la muñeca (…)

La Onda Vaselina: Corría el año de 1998 y en una de esas ramplonas celebraciones preferidas por los ñoños -el 14 de febrero-, un grupo de mocosos cantó a grito pelado la funesta melodía “Te quiero tanto, tanto, tanto…” Las maestras pensaron que sería buena idea cantarla como numerito del horror el día de las madres. Desde entonces odio los catorces de febrero; por cursis, innecesarios y por ser el día de la afectación nerviosa a ultranza.

Y aunque en esos tiempos no mascaba ni un “hello” me gustaban las tonadas de ciertas canciones en inglés...

Cher y Blondie: “Believe” y “María” fueron las rolas con las que recuerdo el fin de la primaria y su sexto año: 1999, para ser precisos.

Savage Garden: “Truly, Madly, Deeply” fue la canción preferida a la cursilería patólogica y la ridiculez innata de mis compañeras de salón.

Spice Girls: El Girl Power de las mujeronas inglesas me conquistó. A mi ingenuidad, su imagen tuttifrutti y su pseudo glamour fueron suficientes para hacerme cantar. ¿Quién no recuerda “Wannabe” y su tonada amigable y vivaracha?


Pero no piensen mal de mí. Cualquiera en sus inicios puede tener un tropiezo tan estrepitoso como yo, que caí cuan larga soy en las garras de la música popera más comercial. 
La razón por la cual los intolerantes granujas de mi escuela y por consiguiente sus mentecatos padres me etiquetaban de rara y rebelde se encuentra en estos álbumes:

Real de Catorce: Mis rolas por excelencia son “El Quinqué” y “El Taxi de los Sueños” sobre todo, porque como dice la canción, estaba casi siempre medio fuera de lugar. Cuando tenía como 10 años mi mamá me llevó a Rockotitlán (el original en Insurgentes) a verlos. Fue una gran noche…

Jaime López: Ya desde entonces cargo con eso. “Del calor a lo frío” y “Desenchufado” son mis rolas desde entonces. Y cada vez adquieren más significado para mí. Ahora mismo exploro la etapa literaria del buen López. 

Cecilia Toussaint: Va de la mano con Jaime. Cuando el hartazgo de las burlas se hacía insufrible, cantaba “Me levanté muy rara el día de hoy / Me siento bien pero me siento mal / Mejor por ahí me largo a dar el rol / Me siento bien pero me siento mal”

Julieta Venegas: Me gustaba desde Tijuana No. “De mis pasos” fue una de las rolas que me prendieron en la primaria. 

Café Tacuba: Cuando mi mamá me peinaba, solíamos cantar juntas “Las Flores”, que es sin duda la canción más tierna y amorosa que se haya escuchado en esta ciudad. Todo el Re es un retrato sonoro de mis días en la primaria. 

Botellita de Jerez: Ellos me enseñaron a decir las groserías más pedestres, con este disco comprendí el significado de los albures de mis compañeritos y me reía de sus nacadas. Cuando los niños me escucharon gritar un pendejo por primera vez, comenzaron a respetarme. 

Los Tres: “Déjate caer” fue mi primera rola viajada. Pensaba que efectivamente, la tierra es al revés y que la vida es imprecisa. 

Mexicanto: Una escena que no me puedo sacar de la memoria: Feria del Libro Infantil y Juvenil en el CNA, mis cuadernos nuevos el domingo anterior al primer día de clases y “Todo Vale Hoy” sonando. Y no podía dormir por el asunto ese de que un amigo no se encuentra tan sencillo.

Fernando Delgadillo: Solía despertarme aún de noche y llegar a las siete de la mañana a la escuela para el ensayo de la Banda de Guerra. “Carta a Francia” siempre fue mi favorita.

Fito Páez: Otra contribución de mi mamá. “11 y 6” me volvió loca. Supongo que fue la historia que cuenta, porque los de la canción eran niños como yo o porque yo también iba a cumplir once años.

***
No sé si fue el sobresalto de los veintidós o la nostalgia que un día mi Ipod sembró en los cajones de mi corazón. Pasé la semana entera en una introspección a fondo, recapitulando lo vivido, hojeando el álbum de fotografías de la memoria. 

Aquí no se acaba la historia, estimado lector. La lista es larga y los discos escuchados están apilados en caótico desorden en mi habitación. Pensé en hacer un solo post con mis comentarios, pero la lista se prolongó de más y los recuerdos se hicieron océano. 

Quizá, si las coincidencias entre usted, que lee este blog y yo, que me entrego sin peros a los juegos perversos de los recuerdos se hagan dicha y simpaticemos en uno o más álbumes. 

Al infinito y más allá…

jueves, 4 de junio de 2009

Carta de Karen a Darinka

Permíteme felicitarte una vez más. Bien sé que ya es 4 de junio y el tiempo de las felicitaciones cumpleañeras ha cesado ya, pero no puedo evitar seguirme congratulando por un año más. Y es que veintidós años no son cualquier cosa, y menos con la intensidad con la que has vivido...

Bien sé de los obsequios que el mundo ha traido hasta tí el día de hoy: un escándaloso cinco que se suma a tu infausto historial académico, una mordida por ser sorprendida celular en mano y además de todo, sé que estás malgastando estos minutos que deberías de ocupar en terminar tu trabajo final para una insensata materia que no te ha dejado más que tiempo perdido. 

No seas ingrata, Darinka... no seas ingrata. De cualquier forma poco te interesa la administración y eres igualmente corrompible. 

Debo recordarte que de las llamadas recibidas, todas ellas fueron significativas; de los mensajes y de los comentarios que fueron revestidos de cariño en cada palabra, de los mails que sobrellevaron el mar y llegaron intactos a tus ojos, de los chocolates con bendiciones que dejaron en tu cama o de los mariachis trasnochados que tocaron a tu ventana.

No hace falta que me digas que éste fue un día de tantos, porque las calles se colmaron de tránsito furioso, porque de un momento a otro te llovieron claxonazos o las noticias fluyeron en su misma caótica constancia y el oprobio político no diminuyó en su cizaña electorera.

Pero hazme el favor de asomar tu nariz escaldufa por el ventanal de tus desvelos: la sábana cósmica se ha despojado de su velo de nubes y te obsequia -por lo menos esta madrugada- la fotografía de una media luna y las estrellas más brillantes bordadas en su superficie. Has quedado empastelada de ternura y tu mirada está constelada de porvenir.

Yo, por ser tú misma sé que tus ojos delatan tus veintidós y la incertidumbre no se ha esfumado de tus palabras. Basta ver con cuánta desmesura te conduces. 

Sé que agregar un año es agregar la misma impaciente urgencia de amor y sé que las mañanas seguirán deslumbrándote en su esplendor, lo mismo hoy que cuando tenías quince. 

Yo, por ser siempre tú y porque somos la misma, sé que no hay mejor regalo que el poder contar que cumplimos veintidós y que aún habrá muchos chaparrones de abrazos, impensados raudales de besos y significativas cartas escritas en el cielo con tinta de cometas.



Gracias a los que se acordaron y también a los que se les pasó... Los quiero a todos:
(En órden alfabético, los que se acordaron:)
-Abraham       
-Ahmed
-Alejandro
-Anahí 
-Armando
-Azucena
-Darko
-Dave
-Erick
-Ernesto
-Esmeralda
-Fabián
-Fernando 
-Gladys 
-Gustavo
-Hugo
-Ittzel 
-Jorge
-Jorge 
-José Antonio
-Juan Luis
-Lourdes (Obvio)
-Lydia
-Migues
-Rubén
-Vilchis
-Thania

Y también de los que ya no me acuerdo!!

lunes, 25 de mayo de 2009

Un año de Bicis: Y sigo aprendiendo...


Darinka rides her bike...

Por muchos años busqué aprender. Malgasté mi infancia en ñoñerías como la lectura y la pintura. Nunca fui destacada en ningún deporte y poco me importaba, pues los pelafustanes esos que se ufanaban de velocidad eran lentos de pensamiento...

Estaba por cumplir 21 años y no podía adivinar nada de lo que sucedería después, andando persistentemente en mi incansable y pequeña bicicleta imaginaria.

Me caí, no una, sino muchas veces; una de ellas la más dolorosa de todas, en el septiembre de los jazmines. 


Aún hoy, un año después de mi descubrimiento más lúdico y delicioso dí un par de traspiés en mis pedales... sigo aprendiendo.


¿Cómo cambiar la melodía del viento cantándome coplas de libertad? ¿Se puede negar el ánimo de velocidad en una calle?

No hay manera de negar que andamos en bici mucho antes de que aprendieramos a darle equilibrio a nuestras llantas, y pedaleamos bajo la incierta zozobra de darnos un chingadazo en el asfalto. 

Pues sí... son los incoventientes de amar. 

Y de aprender a andar en bici...


viernes, 22 de mayo de 2009

Los Libros que Nunca Serán Leídos



¿Ha visto usted esos gruesos librajos apelmazados en los libreros? Van de los tratados insensatos de física y otras disciplinas complejísimas que pocos en verdad comprenden hasta los ensayos tan vastos como la misma realidad que tratan de describir. 

Todos ellos, evidentemente tienen excepciones; pero vayamos caso por caso:

Si usted se ha paseado por las bibliotecas universitarias, probablemente haya encontrado pasillos repletos con los abultados volúmenes de tesis relegadas a los confines del olvido académico. Más de uno ha gastado la candidez de sus horas en la elaboración de tomos que nadie leerá en su totalidad, a no ser por el propio autor.  Si usted fue universitario, trate de contestar esta pregunta con la más feroz de sus honestidades: ¿Alguién se chutó su tesis nomás por gusto? Si responde que sí y se vuelve mi detractor, menciónelo en el buzón de quejas.  Si usted en cambio, está pasando el tormentoso camino de la licenciatura y planea elaborar una tesis, dígame si alguien que no sean sus asesores, sinodales y demás secuaces magisteriales harán el honor de leer la tesis que le pondrá la etiqueta de Licenciado a su curriculum.

El segundo caso de los libros que nunca se terminarán de leer son los manuales de consulta y los siempre utilísimos tumbaburros. Claro, todos pasamos los ojos por los voluminosos ejemplares, pero nunca va más allá de unas páginas a la vez. La condena de la sapiencia elemental del diccionario es que nadie va a leerlo completo si no es por obligación. (Imagine usted el bochorno de ver a alguien en el metro leyendo un diccionario). ¿Se acuerda usted de los miles de tomos del Nuevo Tesoro de la Juventud? 

La tercera de mis categorías es quizá la más penosa de todas: son los libelos revanchistas que se ostentan apilados a la entrada de la librería de ocasión a precios exhorbitantes. Podrían ser ellos calificados como literatura de ficción, pero creo que el mote de literatura es rimbombante, exgerado e inapropiado para tales engendros editoriales. Puede que haya algún canchanchán que los lea y se paseé sonriente por el metro o la cafetería con la novedad esfervescente de ciertos títulos siniestros como los que a continuación enunciaré y que no tienen un orden preciso:

Mi Verdá - Juan Osorio
Derecho de Réplica - Carlos Ahumada
Doña Perpetua - Autores que no recuerdo hablando de Elba Esther Gordillo
Soy- Niurka
Señal de Alerta - Manuel Espino
El Despojo - Roberto Madrazo
Volcán Apagado - Anel (una ex de José José)
La Década Perdida - Carlos Salinas de Gortari
La Gloria por el Infierno - Aline Hernández (¿Se acuerda del escandalito Trevi?)
La Mafia nos Robó la Presidenica - Andrés Manuel López Obrador
Con Todo El Corazón - Rosario Robles...

Y un cúmulo más de hitazos editoriales ramplones y de mal gusto (puede usted añadir el que más asco le haya provocado).

Al verlos ahí, acomodaditos en los estantes da un sentimiento como de ponzoñoza revulsión por aquél mentecato que publicó tales aberraciones en papel. ¿Quién, en su sano juicio al llevar a cabo el verbo de la lectura, puede siquiera malgastar su dinero en esas monstruosidades?

Casi todos ellos son gruesos libro con tipografía de gran tamaño queriendo aparentr una prolija creación. Si usted es de esos idiotas que compra la categoría maldita de los libros, al menos podría poner un pero por el magnífico despilffaro de papel. 

Son ellos los libros eternamente reseñados en los diarios de circulación nacional por los mismos antagonistas (Salinas dice que...) o quienes son mencionados en las páginas. Seguro algún ingenuo de la redacción tuvo que embutirse las palabras de alguno de estos escritorazos y no fue digamos, por gusto.

***


El mundo está escrito en prosa. Me vale lo que digan: para mí es prosa y se acabó, que para eso es mi blog (si quiere usted quejarse, hay un apartado dedicado a que le ponga peros a mi afimación).

Cada uno de los muros que nos separan, las ventanas por las que nos asomamos y las escaleras que subimos están conformados de una proporción infinitesimal de párrafos significantes, tan minúsculos que apenas si podríamos leer las letras de que el mundo está plagado.

Algunos trastornados nocturnos como su inconsistente escritora, buscamos versos en los textos del mundo. Creo como premisa cierta que antes de la escritura tal y como la conocemos hoy, el mundo se escribió en cada objeto, en cada planta: la hermosa floresta donde se reflejan las estrellas consteladas de indiferencia. 

***

Hay textos que nacieron bajo el estigma de una lectura superficial, amén de los torpes lectores que abren sus páginas. Hay textos amplísimos que desde que nacieron, pese a la brillantez de sus hipótesis, están condenados a la implacable sentencia del estante y el fino polvo que los cubre de desdén, amén del incauto destintatario elegido para no leer la totalidad de la grandeza en desuso.

Yo misma tengo mi libro y estoy segura que fue escrito para que sea leído por los ojos profanos y anónimos de aquél que me conoce tanto y tan poco, que comprende cada una de mis palabras.


El respiro musical de la semana:


miércoles, 6 de mayo de 2009

La Ociosidad Impertinente: De Vuelta a lo Cotidiano


Se hace necesario voltear la mirada: la infamia se hace vulgar, ominosa e hiriente. Si bien la estrategia de encontrarle el lado humorístico a cualquier contingencia es una técnica socorrida para sobrellevarlas, nada justifica la holgazanería burlona del mentecato que le pone cubrebocas a su auto.  Claro que la brutalidad más lastimosa no es la del gaznápiro que vende tamaños tapabocas, sino del zopenco compadre que malgasta cien pesos en hacerse el chistosito ante la prole.

Puede usted pensar que es el inherente ingenio mexicano el que se carcajea de las adversidades y le pone a Benito Juárez un tapabocas por andar de mano en mano. Debo reconocer que hay bromas perspicaces y chispeantes de alegría. Pero más que un mecanismo de defensa, el humorismo en tiempos de influenza pone en evidencia de cuánta holgazanería han estado llenos los días y cuán perezoso es el ánimo burlón de quienes se las gastan en bromas que a mí no me hacen reír.

***

Más que un suplicio, estos días de eventualidad sanitaria han sido una delicia a disfrutarse. El deleite del recogimiento, el silencio imperante y el rumor apagado de la ciudad son cosas que no volveremos a vivir. 

¿Quién quiere regresar a la normalidad aparente? Si tomamos normalidad como sinónimo de caos, histeria, bullicio y apatía preponderante; me niego con todas mis fuerzas a regresar a la cotidianidad. 

Volver, como si no fuera suficiente con lo vivido, a la apatía vigente de un salón colmado de pelafustanes, a la lluvia de tráfico donde llueven claxonazos y mentadas de madre, a los encabezados de violencia perpetua, a las aceras escupiendo gente, el desprecio eterno por el otro y la prisa, siempre la prisa…

Si eso es volver a la normalidad, he de confesar que no estoy preparada para tal afrenta…

lunes, 4 de mayo de 2009

Literalgia II: De Cuando Dios se fue de Vacaciones

Como suele pasar con las grandes historias, la humanidad olvidó la época aciaga de las contingencias sanitarias y las pandemias. Guardados en algún archivero distante de los días del porvenir, las numerosas anécdotas de quienes resintieron la invisibilidad paralizante de la enfermedad como síntoma inexorable del fin, conocieron el fino polvo de la indiferencia centenaria.

Pero también, como usualmente pasa con lo acontecido en magnificencia, ya sea por las repercusiones que se guardan en el corazón o por las reminiscencias de un pasado irreparable; una dichosa calamidad ocurrió cuando la memoria se creía carcomida por el desdén.

Paseando por la vieja casa de sus ancestros más lejanos en la ascendencia de un árbol otoñal, una mujer de mi edad y con el mismo mirar nostálgico que yo tengo, escudriñaba en las viejas quimeras de un pasado distante. La vieja casona dejaba adivinar en sus paredes el eco de risas más afortunadas, la humedad antigua de chaparrones menos ácidos y la salinidad de unas lágrimas históricas.

Y así, generaciones tardías a estas palabras, la mujer de este cuento encontró mi viejo cuaderno forrado de notas musicales donde escribo mis memorias y comenzó a leerlo con la misma avidez perversa de quien encuentra por casualidad viejos secretos guardados.

Supo, por los recovecos de mi caligrafía, que la primavera se alarga insoportablemente cuando el candor se guarda a domicilio y el amor fluye más espeso por las venas cuando el recogimiento se prolonga. Tuvo conocimiento de que la polarización es más antigua que los recuerdos y la discriminación en estas fechas no tuvo nacionalidad. 

La mañana pasó y la tarde cayó en las páginas leídas por la ansiedad curiosa de la mujer que nació después de mí y que encontró mis palabras cuando la memoria de lo acontecido en mi siglo XXI se hizo corta como este cuento.

Finalmente, ya entrada la noche del día que aún no sucede y que adivino como cierto; la mujer de la que desconozco el nombre regresó a su casa, donde encontró a otra mujer con la misma edad de mi mamá y la misma sapiencia que poseen nuestras madres.

-Encontré el viejo cuaderno de la tatarabuela. Fíjate que hace muchos años hubo una epidemia de influenza en la ciudad.

-Recuerdo que me contaron de eso cuando era chica –dijo la mamá, haciendo el enorme esfuerzo de estirar la memoria aún más allá de lo que no se ha vivido.

Finalmente, como único legado de mis palabras menos lúcidas, supieron que cuando la influenza y sus inmundas calamidades sociales trastocaron nuestras vidas, Dios andaba de vacaciones. 

lunes, 27 de abril de 2009

Carta a París: Vistas las cosas desde acá

Afuera, azota la influenza. La contingencia es tal, que incluso se escabulló en los interiores de las casas e hizo estremecer la tierra: hace rato, un sismo de 5.7 grados Richter cimbró nuestros ya de por si turbados nervios. Hasta el temple más reacio se ha espeluznado.

Los días han sido de guardar, las pocas personas en las aceras, precavidas, con cubrebocas. Las actividades escolares suspendidas hasta el 6 de mayo. Los cines, los teatros y los bares cerrados hasta que pase esta intempetuosa alarma epidemiológica.

En el aire se respira una zozobra irreparable. La atmósfera urgente de sosiego no encuentra un instante de paz en la histeria colectiva predominante.

Yo misma no he salido de este recogimiento impuesto. En un rato más habré de regresar a aquélla enfermiza oficina, donde hasta en época de rosas se respiran los escurridizos microbios, propagados por el inclemente aire acondicionado y circulando a sus anchas por los cerrados y grises pasillos.

Dentro, el marasmo no se ha apaciguado. El alma enfermiza y frágil lo sigue siendo con o sin emergencia en un afuera distante, donde el secreto mejor guardado está protegido de cualquier ponzoñosa cepa que se sabe a sí misma virulenta.

Los días se han desprovisto de tiempo y no es hasta este día, lunes de mis congojas, quien me regresa a la temporalidad mundana.

No puedo adivinar a qué se debe esta contingencia... No alcanzo a vislumbrar cómo dos cosas en apariencias tan distantes pueden hacer de las suyas con la vulnerabilidad colectva.

Sí, yo soy fuerte. Nada ha de perturbar este temple. No así mis cercanos... no así su fragilidad.

viernes, 24 de abril de 2009

Influencias Profilácticas y Otras Ponzoñas

De no ser por la pertinente suspensión de clases -que le ha dado a mis divagaciones el virulento respiro que mi imaginación precisaba-; su desobligada y sumamente ocupada escritora de clóset no estaría escribiendo este post. 

Si al momento de leer esto, usted no está enfermo de Influenza, probablemente lo esté de paranoia o alguna de sus ponzoñosas vertientes. Si al momento de leer esto puede percibir en mis palabras el dolor corpóreo que me ha azorado todo el día, no se preocupe: este blog ha sido previamente vacunado contra virulentas influencias informáticas y ni usted ni su máquina corren peligro alguno. Si al momento de leer esto usted adivina en mis dolencias un viso de Influenza y al instante esboza una mueca de compasión por la pobre escritora apestada, no cabe duda que usted padece de Influenza mediática, mucho más poderosa, influyente e irreparable que cualquier inoportuna enfermedad.

Las consciencias frágiles se han espeluznado en el instante mismo de ver al Secretario de Salud comunicar que mañana ni a la escuela ni a ningún lugar cerrado. Disfutemos pues del recogimiento impuesto y la cuarentena inesperada.

***

La tradición bíblica es precisa al respecto: la ruptura del cuarto sello hace una referencia directa a la muerte como la peste. El cuarto jinete, de color amarillo, esparció sobre la tierra las pestilencias mortales a la humanidad. 

Si usted ya ha sido trastocado por la histeria colectiva, puede tomar el hecho como significante señal de que el fin del mundo está cerca. Nada de SARS, gripe aviar o padecimientos asiáticos innombrables: nuestra conciencia nunca será lo suficientemente inmune como para deshacerse de los achaques inevitables.

Para indisposiciones enfermizas, el mundo ya está suficientemente plagado de ignorancia, mezquindad y tristeza. Habrá quien crea para sus adentros que ninguno de estos achaques es tan nocivo como los síntomas febriles de una gripe magnífica y mortal. Si usted así lo cree, seguramente usted puso los anticuerpos de la indiferencia en su cuerpo con anterioridad y ni las lágrimas vertidas sobre el diario de una crisis serán suficientes para conmoverlo.

Más que una vacuna, la indiferencia es una enfermedad que no se cura sino con el espasmo alarmante de una epidema... Santiguémonos y esperemos que ningún malévolo virus haga  de las suyas con nuestra susceptibilidad física.

***

Anterior a todos los malestares que enumeran los irreflexivos, el veneno del amor ha sido el trastorno milenario de los eternamente hambrientos de sosiego y sedientos perpetuos del deseo. El mal de amores es crónico e incurable y sus inexorables síntomas son tan perjudiciales como imperceptibles:

La ausencia como indicio del infortunio que no ha sido correspondido, el vahído vertiginoso de una caída estrepitosa, el revulsivo frenesí de las madrugadas sin dormir, las calles como prolongación de los sueños y pesadillas en estado de aparente lucidez. Escasez de Luna y exceso de estrellas, mucosidad dulzona y vómitos fragantes. Resequedad de lagrimales, entumecimiento emocional y aletargamiento sentimental; euforia romántica e insensatez magnificada.

Eso, mis estimados lectores, se llama Influencia Amorosa y sólo un puñado de afortunados imprudentes pueden reponerse a sus devastadoras secuelas en el espíritu.