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lunes, 11 de enero de 2016

Azul



There's a starman waiting in the sky, 
hed like to come and meet us, 
but he thinks he'd blow our minds...


Quienes me conocen saben que yo escribo con música. Ya sea que me empeñe en explicar una fórmula insensata para calcular un  endemoniado impuesto o le escriba un verso triste a un amor ingrato.

Esa noche no escribí con música, le escribí a la música. Se trataba de Space Oddity, de David Bowie. 




La noticia de su fallecimiento me puso el insomnio agudo aún sin conocerlo a ciencia cierta. El hecho de no poder dormir la madrugada del lunes me hablaba de un mal síntoma a nivel cósmico. Cuando tomé mi teléfono lo confirmé. 

Con este breve cuento pretendo encender una llama pequeña en un universo colmado de estrellas. Algunas tan grandes como el mismo Bowie. 

Gracias por tanto. 

----

Azul

(Texto originalmente escrito en 2013)

Cansado, Julián salió a caminar. Decir cansado puede ser impreciso, así que corregiré: estaba hastiado, colmado de fastidio, harto de las luces a las sombras... todo él era un semillero de indiferencia y fatiga.

Antes de salir, tomo un carboncillo, dos lápices HB y un esfumino. Dejó las llaves, la cartera, el móvil y se despojó de tiempo.

Y caminó al sur, siempre al sur. No obstante, aunque los pulmones se le llenaron de un viento septentrional, él ya no encontraba el norte. Hacía un buen clima en la ciudad y las calles lucían tan desiertas como puede estar un corazón destrozado. El sol, opaco en esta ocasión, no le despertaba ya ningún tipo de entusiasmo. La luz se veía plana, la atmósfera asesina y sus ideas lánguidas.

Cuando llegó al muelle, se detuvo. Desde la ventana pude ver el boceto desdibujado de su persona acercándose al mar. Sabía bien que no intentaría cometer el disparate de querer caminar sobre el agua: él siempre me dijo que los que estaban hechos para volar no se llevan bien con las profundidades marinas.

Permaneció un buen rato mirando de mala gana el mar, que ya a esas alturas del día se teñía de bermellón mezclado con azul.

Azul como las pinturas más tristes y las noches más profundas. Azul como el universo cuando hay distancia y como la luz cuando se desdobla en melancolía. Azul como la música más cruel.

Antes de que se hiciera de noche y porque el camino se le había terminado, Julián sacó uno de sus lápices y dibujó una carretera. Esbozó un camino sobre la sábana de la noche y lo hizo de un sólo destino: de ida, un sólo carril y perfilándose al horizonte.

Cuando se dio por satisfecho puso su nombre en uno de los bordes y se trepó en el camino. Desde mi ventana que daba al mar pude ver cómo subía en su camino de tiza y noche para no regresar.

Antes de que pudiera alcanzarlo, su camino de lápiz se difuminaba entre las sombras de la noche.

Esa noche, Julián nos dejó.

***

Querida Sol:

Escogí el muelle porque eras la única persona de la que pensé en despedirme. Sabía que estarías viendo desde tu ventana como solíamos hacerlo antes de que los días se pusieran tan insoportablemente añiles.

Cuando llegué a la Luna, sabía que ya no podías alcanzarme. Desde la luminosa quietud de ese desierto blanco no me quedó duda que la Tierra es un lugar demasiado azul como para que pudiera permanecer en él.

Permanecí un par de meses en la Luna, pero me fui al lado que nadie ha visto aún, y sólo así conseguí dormir. Al despertar, como no tenía reloj, supuse que ustedes estarían viviendo ya el otoño y extrañé un poco los ocres de la ciudad y sus matices terracotas.

Dibujé un camino más largo. Pasé al lado de Marte y una noche casi choco con un cometa. La parte más difícil fue cruzar el río de asteroides, pero encontré a unos contrabandistas de Júpiter y los soborné con unos retratos para que detuvieran su frenético tránsito y pudiera finalmente pasar.

Hoy, ya lejos de tanto azul, echo un vistazo al universo y me recuerda la calma de tus ojos negros. Te escribo desde la recién inaugurada paz de mi nueva casa. Todas las mañanas salgo a caminar y le doy tres vueltas a los anillos. A veces hay uno que otro visitante, pero apenas me mencionan el planeta azul al que quieren observar les digo que se marchen de mi casa.

¡Tengo el cosmos entero para dibujar sobre él, Sol! Y aunque se me están acabando los lápices que traje conmigo, no pienso volver.

El planeta es demasiado azul y yo no puedo hacer nada al respecto.

Te recuerdo siempre,




Julián

Jápeto, un día de enero de 2015.

sábado, 17 de mayo de 2014

El Jardín de los Destellos


Las rosas son rojas y las violetas azules.

Bajo ese lema, la segregación del Jardín de los Destellos se hizo cotidiana. Las flores fueron entonces catalogadas por el color de sus pétalos y se vivió una época oscura llena de sol en la floresta, conocida como el Apartheid del Huerto.

Miles de capullos, desde que vieron el primer albor en el invernadero, crecieron con la miserable idea de que su fragancia era insignificante cuando el carmín no había coloreado sus corolas. La discriminación se hizo oficial cuando el afable jardinero empezó a comercializar con más entusiasmo a las flores rojas.

La víspera de San Valentín, los botones más purpúreos encabezados por la familia Blossom se engalanaban de esplendor, pues para ellas era todo el sol, el mejor abono y la tierra más fértil. Se pintaban de pasión en la colorada causa de su encanto y su discurso floral manchaba de carmesí el jardín entero.

En los bosques contiguos, las mariposas y abejas extranjeras relataban a los abetos el inusual comportamiento de las flores en el Jardín de los Destellos.

Las rosas más rosadas, consideradas un poco portentoso híbrido de palidez y dulzura, vivían a la mitad del fuego cruzado con las flores blancas, cuya fragancia apenas se percibía entre el rubí perfumado de sus homónimas rojas.

Entre las violetas la situación no distaba mucho de lo que acontecía con las rosas, pero la insatisfacción de éstas, pese ser una minoría rampante en el jardín, se minimizó entre los trinos de los pájaros carpinteros y sus sindicatos.

Un tercer grupo, segmentado del mismo modo por las rosas rojas, decidió sin embargo, establecer una resistencia pasiva a mitad del jardín justo al mediodía del Día de San Valentín: el sector de los claveles.

Clavelina Bloom, un joven botón que apenas comenzaba a florecer, se plantó frente a la fuente para pronunciar un histórico discurso en la historia de las florestas.

“Porque todas hemos florecido para ver el mismo sol que ilumina a rosas, violetas y claveles por igual, no importa cuán silvestres sean...

¡La fragancia no es determinada por el color de un pétalo, sino por el candor de las corolas, la estabilidad de sus tallos y la entereza de sus raíces!

Todas somos flores, hermanas, y hemos nacido para ser la risa del mundo y colorear al mundo. Engalanamos las celebraciones y somos la alegoría de los enamorados.

Todas somos flores, y pertenecemos al vasto jardín del mundo” dijo mientras sus pétalos se abrían de par en par y se empapaba toda de rocío.


miércoles, 23 de abril de 2014

Por qué escribo...


Decía Gabriel García Márquez que escribía para que sus amigos lo quisieran al tiempo que sonreía con sosegada amabilidad para los desconocidos que cariñosamente lo llamaban "Gabo" sin haberse topado siquiera en otra vida. Escribiendo y no de otra forma se hizo de millones de amigos que con el paso de los años lo fuimos queriendo como si de verdad hubiéramos visto con los ojos de Remedios la bella, porque contemplamos la muerte de Santiago Nasar o de cuando en cuando nos ataca el síndrome de Florentino Ariza.

No me sorprendió que tuviéramos un pensamiento similar; no obstante, si nos atenemos a la unilateral y homogénea línea del tiempo, fue él quien lo dijo primero. Pero igualmente dijo que las ideas no le pertenecen a nadie...

Gabriel García Márquez. Foto: La Jornada.

Yo siempre argumenté que escribía porque quiero que las personas estén orgullosas de mí y me quieran. Lo dije como a los ocho años cuando descubrí un poema de Sabines, a los doce cuando leí la primera de una docena de novelas de Saramago y a los veintidós cuando me encontré con José Carlos Becerra.

Pero no hay escritor con suficiente vida si no tiene por lo menos un par de reveses. Un mal editor, un texto que no causó efecto o lo peor: perder tres años de cuentos, cartas, poesías y desvaríos por un error informático. Hace casi ya dos meses perdí el documento que contenía la esencia de mis noches, la acuarela de mi dicha y mis lágrimas de tinta vertidas sobre el invisible cielo de mi computadora.

Sentí como si me hubieran quemado la casa, como si el huracán hubiera pasado encima de mí o como cuando un ladrón descubre que le han vaciado el departamento. De ello no quedó más que algunos fragmentos que conservo porque algunas noches tuve el arrebato de mandar a remitentes al azar.

Me gustaría decir que me he recuperado del cruel gazapo de esta triste tecnología. Como paliativo, diariamente escribo para un periódico especializado y de vez en cuando me da por escribir un reportaje que mis editores mutilan.

Tengo veintiséis años y escribo de finanzas y economía para El Financiero. Hace como una década, cuando tomé la decisión de estudiar periodismo porque sabía que lo que quería era escribir y trastocar conciencias con una buena estructura. Ya antes había pensado en estudiar letras inglesas o cualquier cosa que me pusiera frente a una página qué llenar con sesudos comentarios y profundas investigaciones.

No obstante, pasaron muchos años tras haber los pasillos de la universidad para que pudiera ver mi nombre escrito en las páginas de una publicación impresa, lo cual sucedió un 16 de abril de 2013, cuando mi primer texto apareció en Hacker de Excélsior.

Cuando el entusiasmo se me enciende escribo cuentos como queriendo reescribir lo que es probable que un día olvide y para que las personas que quiero no dejen de quererme. Los que me conocen, saben que en el punto álgido de mi ternura suelo poner en sus ojos palabras mías como la ofrenda más preciosa que puedo ofrecer por el amor que me dan.

Mi primera portada. Reedición de El Financiero. Miércoles, 26 de febrero de 2014.
Hace algunas semanas ya, uno de mis reportajes vio por vez primera la portada y mi nombre se posó en la primera reedición de El Financiero. Nunca mis palabras me hicieron sentir tan dichosa.

Quién sabe cuál es el impulso que me lleva a escribir y preguntar por historias, a tomar las palabras y estructurarlas entre cifras y gráficos y por otro lado juntar los fragmentos de mi imaginación cuando me da por hacerle al cuento.

Escribo para saber de ustedes y conocer el mundo, porque para poder escribir una página antes debimos de haber leído unas cien.  

Escribo porque nací para esto. Escribo 'por qué' y me llena el horizonte. Gracias a ustedes por leerme, porque creo que es así como se construye el mundo: por quienes lo escribimos al mismo tiempo que buscamos leerlo.

Esta es quien les escribe (en una toma selfie, tan de moda ahora). En ocasiones también sale en tele, pero esa es otra historia. 



martes, 10 de mayo de 2011

Canto al corazón

Mi mano entonces tuvo la fuerza que nunca tuvo: abrió la piel, atravesó costillas y lo sacó de su lugar. Las costillas tenían la fortaleza de quien nunca se deja penetrar más allá del calcio. Lo que quedó expuesto fue una masa demasiado grande para merecer el mote de lo que pretendía nombrar: mi corazón.

- Mi dibujo no estaba tan errado, entonces… el corazón es así.
- Es casi igual… pero mira: el tuyo tiene un hoyo aquí… y de este lado está marchito… como seco.

Lo contemplamos entonces… era tan desproporcionado que tenía que sostenerlo con ambas manos. Sangraba poco, pero sus dimensiones aún nos tuvieron boquiabiertos lo suficiente como para que en la realidad pasaran dos horas.

- Ya no lo puedo regresar a mi pecho.
-No te preocupes, te crecerá otro.
- ¿En serio?
-Sí… déjalo afuera, el corazón crece rápido.

sábado, 31 de octubre de 2009

Literalgia V: De fantasmas y otros espíritus persistentes



A los que murieron sobre ruedas. A los ciclistas fallecidos.





Nunca conocí a nadie como ella. Dejaba entrever en la dolorosa mueca de su risa una profunda tristeza arraigada con los años y la humedad de sus ojos era permanente, como si nunca dejara de llorar. Su piel era de una palidez diáfana y perfecta, donde unas venas azulosas se marcaban como esmalte en un florero de porcelana. Sus manos de pianista y su estatura de modelo contrastaban con el descuido omiso de su cabello de azabache. Con todo, era una mujer hermosa y su desasosiego era el elemento más bello de su semblante.

Para paliar sus ausencias solía excederse con el chocolate y lacerarse el corazón con canciones viejas. Solía escribir epitafios poéticos en las servilletas del café y guardar el riguroso luto de los que no quieren olvidar. Como quien gusta de lo fúnebre, hizo de su corazón el cementerio más próximo a la memoria y volvió la nostalgia su estado de ánimo habitual.

Llegado el día, me invitó a pasar una noche en su casa. Accedí, más que por cortesía, por satisfacer la curiosidad inquieta que me invadió desde que la conocí en la cafetería de mis desdichas y me invitó el expresó que derribó mis nervios.

La atmósfera en su casa estaba perfumada de esa delicia mortuoria del copal. Recordé que era la víspera del día de muertos cuando observé la ofrenda delicadamente acomodada al centro de la sala, ocupando el lugar central de la habitación. Me recibió con la ansiedad inherente a los solitarios y puso en mi mejilla el beso frío de la inquietud más urgente.

Al momento de la cena, me ofreció agua de rosas con un toque de licor y como plato fuerte me sirvió unas enchiladas de jamaica: era su manera de ponerle flores a sus muertos en el camposanto de su alma.

-Te gusta comer flores- dije, intentando no ofenderla
-Es la forma más dulce que tengo de recordarlos
-A tus muertos…
-Sí… a mis muertos. Vivos.

Me despedí en el albor de la borrachera que me brindaron sus rosas. Camino a casa recibí la llamada de un fantasma que estaba igual de ebrio que yo.

***

A esos que no han terminado de irse, porque están tan vivos como las manos que escriben de su ausencia. Nuestros muertos, los que nos dejaron con el permanente nudo en la garganta y las ganas perpetuas de lloriquear. Esos que dejan la estela de sus ojos y el eco de su risa. Más muertos están, porque, aun cuando su corazón sigue latiendo, los hemos enterrado imponiendo la tierra de la distancia. Ellos, que siguen andando pero decidimos llorarles porque no están más ya con nosotros a golpe de desdén y en un descuido del olvido más atroz.

Los otros, los que de verdad partieron a donde no hay más dolores, es más fácil recordarlos, porque dejaron su sombra presente y porque cada que hablamos de ellos, volvemos a darles vida. Porque sólo así les conservamos, hablando de ellos y evocando la dicha de su paso: ellos no se han muerto.

A todos ellos, los que están aunque ya no son y los que son sin estar. Para ustedes nuestras flores y nuestros besos. Porque de fantasmas se van llenando los caminos, y su espíritu sigue colmando nuestros corazones.

Persisten. Dolorosamente persisten.



miércoles, 23 de septiembre de 2009

Literalgia IV: Ensayo sobre el olvido


Cuando la vulnerabilidad se miró al espejo, encontró olvido transparente. Las memorias en un descuido se diluyeron en la superficie del cristal embustero: la salida fácil del atormentado por la memoria. En la brutalidad de la conciencia más desalmada existe el olvido como ingrediente impío de una lucidez cínica.

Es el olvido el artificio más filoso para la emotividad de los románticos y el abanico que agitamos cuando el bochorno de lo vivido nos colorea las mejillas de desencanto. Refugio de los torpes por excelencia, es la carretera de cuota del destino: hay que pagar con el impuesto de nuestros recuerdos para arribar a la indiferencia. Idilio de los cínicos y panacea de los desesperados; es el último recurso para las almas sin sosiego.

***

Durante días charlamos sobre cómo la lluvia dejó de ser harina de agua cerniéndose tierna en nuestras nucas para volverse una dolorosa convulsión de nubes. La tormenta se llevó en su caudal un montón de papeles sin sentido, un baúl perfumado con las cartas de un viejo amor, y unos vehículos que ya no circulaban de tan viejos. Descompuso el orden impuesto y trastocó nuestros nervios.

Para otros más dichosos, el aguacero fue de besos y el chaparrón fueron caricias sobre la piel. A unos les llovieron verdades y a unos más, la leve llovizna del deseo les alborotó el calor insufrible de la distancia.

Para los más desgraciados, el granizo aplomo de la realidad agujeró el techo de las soberbias más duras y la tormenta fue tan eléctrica que erizó los vellos de la altivez más mundana.

Al final, nuestras ropas despedían ese hedor húmedo de tormenta necia perteneciente un verano que se postergó hasta un punto insoportable.

A todos nos llovió: quedamos empapados del último mendrugo de cielo y de la humedad que las nubes no soportaron.

-Ha llovido tanto estos días…
-Tal vez mañana llueva
-Ojalá y no… -y al decir esto, tiré la sombrilla en el rincón del garaje.

Ese día, las llaves celestes se cerraron y nos olvidamos de la lluvia. Perdimos las anécdotas en el camino pedregoso de la ingratitud olvidadiza. Se reconstruyeron los techos del orgullo y se levantaron las infames columnas de la vanidad. Nos sacudimos las gotas de melancolía de los cabellos y fingimos que la tormenta había pasado. Reescribimos el amor en papel nuevo y usamos la tinta indeleble de lo artificial.

Pero de todo cuanto fingimos aquéllos meses de benevolencia, no nos habría de durar más que una estación. Días ha, percibimos en la atmósfera el aroma azul de la humedad que se avecina ycorrimos a la sombra más cercana a guarecernos de lo inexorable.

***

Cesamos la memoria pluvial con el juicio más despierto de nuestra crueldad; nos hicimos de la memoria corta y arrugamos los papeles de lo aprendido.

Asimismo, olvidamos el huracán de odio de la colectividad, la lluvia de besos en que pusimos el alma y que nadie nos correspondió, el chaparrón de promesas que no nos dio la gana cumplir, el rencor que sobrevino al aguacero de indiferencia y las ganas que nos sobraron cuando finalizó la llovizna de deseo. Fingimos primaveras y edificamos en vano.

Siempre llueve... por más que tratamos de pronosticar los recovecos de la lluvia y de vaticinar a sabiendas de que se nos va a quebrar el corazón cuando granice realidad; siempre, siempre, siempre, andamos sin paraguas… y el recuerdo no ha querido escampar.

lunes, 7 de septiembre de 2009

La Infinita Temporalidad de la Música-III


En el ánimo más cursi de los cretinos nostálgicos, no hay vicio más deleitoso que poner una y otra vez las canciones que en el pasado estuvieron cargadas de significación. Hay quien dice masoquismo… yo digo que nos encanta ponernos el pié y sabotearnos la memoria a costa de una ventura pasada. Que hayan pasado ya muchos veranos entre aquéllos momentos y los tiempos como éstos no les resta un gramo de trascendencia.

Sin embargo, el granuja melancólico tiene en ocasiones que meter freno de mano para no apresurarse al abismo del recuerdo petrificante, pues se corre el riesgo de padecer estados psicóticos melódicamente intranquilos. Imagine usted un espasmo que no olvida y empecinado en recordar, sonorizado al gusto del melómano cursilón.

(Yo Darinka, con mi absurda gandallez pisoteada y con toda la crueldad de mi obtusa remembranza; me he visto en la necesidad de sacar de mi Ipod ciertas cancioncitas y sus desasosegados sonsonetes de sueños rancios. Inclusive los desafortunados CD’s han sido empacados en el baúl del olvido más profundo. Aunque aún no haya borrado tales melodías de mi Itunes, han prescindido de la palomita que hace que se reproduzcan en un descuido de la distracción del Shuffle.

Por salud mental, he botado ciertas sinfonías gastadas y tonadas aletargantes. Adiós… Si te vi, ni me acuerdo. No sé cómo va la canción. Se me olvidó la tonada. Abur... lárguese de mi Itunes.

Y no sólo eso. Es increíble cómo en la página de LastFM de un clickazo se puede borrar un año de música. Ahora sí: he terminado mi proceso de depuración musical.)


Nótese la rola que estaba reproduciéndose en el momento... ¿Casualidad?

Ando arrastrando los piés…

Sabe usted bien que el modo Shuffle en cualquier reproductor de música, puede ser el oráculo más acertado o artilugio dtecnológico idóneo para acorralarnos contra la pared de lo acontecido.

Llama la atención que el modo aleatorio de estos programas que hacen las veces de tocadiscos, tenga a mal llamarse SHUFFLE. Busque usted el significado en algún diccionario Español-Inglés y viceversa:

Shuffle:
1 n (a) to walk with a- Caminar arrastrando los piés.
(b) (Cards) barajadura f; to give the cards a – barajar las cartas: whose-is it? ¿a quién le toca barajar?

2 vt (a) feet. Arrastrar.


O Steve Jobs es un mequetrefe o no pudo imaginarse el marasmo en el alma frágil que clickea Shuffle y va arrastrando los piés en cada nota...


2003-2005: Coyoacán en el alma y mi mosaico de musicalidad

Quienes vivieron esos años conmigo saben que fue una de las temporadas más dichosas, extravagantes y memorables de mi vida.

Presenté mi examen para ingresar al bachillerato y sin la menor complicación mis rumbos se trasladaron a las calles de Coyoacán: Corina No. 3 Del Carmen Coyoacán y la Escuela Nacional Preparatoria Número 6 Antonio Caso.

En esa prepa todos eran tan raros y tan ñoños como yo. Albricias.

Necesitaba material nuevo para mi Discman (en esa época, todavía se usaban los discman. Los reproductores mp3, Ipods y demás enseres digitales aún no eran populares).

Supe lo que era el positivismo y lo deseché de mi mente, me hice discípula de la escuela del cinismo y volví a Diógenes mi mentor. El primer año nos quemamos las pestañas con unos 50 libros y los exámenes de historia eran 10 preguntas a desarrollar en 50 minutos: todo el examen escribíamos unas cuatro cuartillas infestadas de historia universal.

Fue ahí donde conocí a mis maestros más entrañables, como Froylán M. López Narváez (no se pierda su columna todos los miércoles en Reforma) o mi gurú, Luis Darío Salas Marín. Caramba… hacen falta profes como ésos en mi Rancho-Escuela.

Basta de ya palabrería que evoca. Vayamos a lo nuestro:


Los Auténticos Decadentes: Si usted no se conmueve con Osito de Peluche de Taiwán… hay tabla.

Mi favorita era La Guitarra, la que coreábamos al unísono cuando íbamos ya en sexto. Y sigo sin querer ir a trabajar, ni estudiar… quiero tocar la guitarra todo el día.

Latin Ska Force: De mis mejores discos en la prepa. Lo descubrí cuando iba en quinto y Ernesto y yo nos hicimos fans. Tiene ese toque de unión latinoamericana y el canto ideológico de libertad de la que todo adolescente es presa en algún momento.

El cover de Esto no es una elegía, La Polka Pelazón, Un Lejano Lugar y Skápate son mis preferidas.

Ely Guerra: Ojos claros, labios rosas. No necesito decir más.

Cuatro Caminos, Café Tacuba: Cuando andaba de cursi, cantaba Mediodía. Cuando andaba alegroide, Eo.

Rocanolver: En tu planeta me quedé… dedicada a Miguel.


El mejor descubrimiento para un adolescente furioso: el Grunge de Nirvana. You know You’re Right y sin faltar: Smells Like Teen Spirit


Los clásicos: Darinka no se puede desprender de sus raíces de cantautores.

Silvio en la prepa fue un hit, porque hablaba de Cuba y yo siempre me opuse al bloqueo. Era como la materialización musical de mi pensamiento que gusta de leer a Kapuscinski, a Galeano y a Fukuyama.

***

Otra vez… ¡ahí viene el pop!

Coldplay: The Scientist es la rola popera de la Prepa. Sobre todo por el vídeo.

The Coral: La favorita es Dreaming of You. Hasta en Alfa la pasaban…

Green Day: Siguiendo en mi mood latinoamericanista, me gustaba contradecirme a mí misma cantando American Idiot, aunque bien sabía que eran gringos bien puestos los que escupían al cielo.

SOAD: Para ponerse un poco rudos, nada mejor que Toxicity o Chop Suey.

Evanescence: Cursi-violento de escaparate. Era la época, nomás.

Nelly Furtado: Y la rola que me marcaría hasta hoy: Try. El que es melancólico no deja de serlo aunque pasen los años.

***

Aquí viene la mejor parte. Fue en la prepa donde consolidé mi gusto enfermizo por un par de bandas.

En rigor, para mí éstos fueron los discazos de U2 y Depeche en la prepa:


How To Dismantle an Atomic Bomb: ¿Cree usted que el nick de atomicdarinka es gratis? He aquí su origen. Salió en 2004, justo la época en que saqué mi primer mail.

The Best of 1990-2000: La noche de día de reyes del 2003, Miguel me regaló el DVD de este disco. De esos vídeos devino mi gusto, que ya había empezado años atrás, pero que acá se hizo religioso.

The Joshua Tree: Sepa usted que el día 3 de junio de 1987, With Or Without You estaba en el número 1 de Billboard. Ese hecho me marcó.

Este disco es El Disco.

War: Claro… estaba en la prepa. Una y otra vez cantaba Like a Song. Su contenido político me encantaba, la voz rebelde en pos de la libertad, el puño levantado por el domingo sangriento. Finalizando con 40. El disco de los eternos adolescentes.

+++

The singles 86-98: Con todo y que vivía con 30 pesos al día, me las arreglé para comprarme este disco en Mixup. Fue mi primer CD de Depeche.

101: al escucharlo, siempre me imaginé que estaría un día en un conciertazo de esos. El primero lo viví hasta el 2006. Ya viene el del 3 de octubre.

Playing The Angel: Éste salió en las postrimerías de la preparatoria. Lo incluyo en esta temporada porque lo escuché hasta el cansancio antes de que me hiciera universitaria.

Music For The Masses: A mi gusto, es uno de los mejores de Depeche. Sobre todo por Nothing y Never Let Me Down Again.



***


Una vez que uno pasa tres años en esas calles, se lleva a Coyoacán en el alma. Lo que me dejó la prepa, además de un cúmulo de teorías y conocimientos, fue un puñado de amigos entrañables como mi hermanito Ernesto.

Y sí… soy de esas que gustan autosabotearse a costa de la música mientras arrastra los piés. Soy de la clase de cretinas que de un clickazo borra canciones. Soy la clase de bribona que cree en el infinito, porque la misma rola que escuché en 2004 me sigue sabiendo igual en 2009.

***

La Música lo es todo, menos el mundo.



jueves, 23 de julio de 2009

La Infinita Temporalidad de la Música-II

Cuando uno se aventura a los confines del pasado, corre el riesgo de conjugar lo vivido en presente o peor aún, trasladarlo a un indefinido gerundio, prolongando lo vivido al infinito, trasladando lo que ya se fue a nuestro presente en una espiral mortal.

Para quien se dice semióta –yo más bien creo que son semi-idiotas, ja-, no cabe duda que la música como elemento significante bla, bla, bla… Es ese blablabear único y personalísimo el que hace que una rola me suene a dicha mientras usted saborea mierda -y viceversa-. O ya en Arjonismo (aunque el tipo me sulfure): música es verbo, no sustantivo.

Partiendo de la desvergonzada premisa, puede usted conjugar la música en el tiempo que a usted más le agrade. Este post está dedicado a conjugar mi música en pasado y su perversa trascendencia en mis tímpanos. Ya ni hablemos del corazón…

Es como sumergirse en una tina llena de su propia vulnerabilidad. El caldo de flaqueza para el espíritu frágil, el narcótico preciso y precioso de los melómanos, el hipnótico de los ociosos… Vayamos pues al grano:

2000-2003: La infame secundaria y el antecedente inmediato de los emos

Mi nombre no es Darinka por una casualidad. He tenido que repetir mi apelativo infinidad de veces porque, al parecer, quien lo escucha no lo digiere bien la primera vez. En aquélla tormentosa época puberta preferí ahorrarme el teatrito presentándome con mi primer nombre: Me llamo Karen y Sanseacabó. Digo que no es casualidad que me llame así porque esa misma inusual condición que tiene mi nombre (aún la tiene, para quien lo cree en popularidad) fue la que dirigió los rumbos de mi vida, haciéndolos complicados, intrincados y difíciles.

Fue la secundaria la época más cengorrosa y problemática de mi vida. Medio rebelde y medio ñoña, medio gorda y medio arisca, medio simpática y medio despreciable... Nada más observe este cocktail de géneros: así era mi vida cuando asistía a la H. Secundaria Diurna Número 13, enfundada de faldita gris y suéter verde:


El Haragán y Cia: “No estoy muerto, simplemente estoy durmiendo”: eso, en plena clase de Física o Química con aquélla antipática maestra que cargaba consigo una campana para hacerse notar de tan gris y simple, era un oasis de irreverencia ante tal ofensa a la sensibilidad.

Aterciopelados: Bolero Falaz obviamente era de mis favoritas y aquélla alegre tonada “El álbum de mi cabeza sólo con fotos tuyas se llena”. Pura buena vibra.

Lila Downs: Era la época en la que exacerbaba el nacionalismo. Mi indumentaria tenía siempre algún toquecito artesanal. Todavía recuerdo cuando fui a verla a un concierto al CNA. Al final de la tocada ella misma andaba vendiendo sus CD’s. Quién la viera ahora con la ceja depilada, quince kilos menos y un séquito de guaruras.

Cecilia Toussaint: Reminiscencias de mi primera etapa de vida.

He de confesar que por esas mismas épocas empecé a leer como si no hubiera nacido para hacer otra cosa. En la clase de español siempre fui la consentida. Un libro que se me viene a la mente al escuchar lo que viene a continuación es La Tumba y toda su Onda, que para mí fue más bien mala onda porque no tenía ni idea de qué carajos estaba haciendo en el mundo y menos con esa clase de lecturas.


Raíz: Cualquiera en edad adolescente puede deprimirse al más puro estilo sentimentaloide escuchando Bahía. En un mood completamente melancólico evoca a Frida y a Diego, mis pintores de época. Y finaliza con Chiapas. Ya se imaginará usted cuán doloroso es este disco.

¡Mira que eres canalla!: En una de mis andadas hippies por Coyoacán me encontré este disco. Era la temporada en que Coyoacán se desparramaba en folclor y colorido, la misma etapa en la que gastaba mis fines de semana en la Plaza Hidalgo. Ahí conocí a Jorge Drexler… La era de los descubrimientos dichosos envueltos en sombras.

Un Secreto a Voces: Otro compilatorio para llorar.

Campo de Sueños: Temporada de canciones informales, como dice Delgado Fernandillo. Me complacía escuchando Luna en Lunes.


Sí, sí, sí… ahí viene el pop:


No Angel: Cuando alguien pone “Thank You” me viene a la memoria el salón al final de las escaleras y aquéllas niñas, más que populares, populosas; con las que nunca me pude llevar. Me acuerdo que veía el vídeo de la canción en el Canal 28, cuando sólo trasmitían vídeos ¿se acuerda usted?

Laundry Service: Fue aquí cuando se le cayó la gracia. Empezó a mover las caderas y le dio al traste a tan dichosa carrera. No me esperaba ni que cantara en inglés ni que el azabache de sus trenzas se volviera Güero Miss Clairol. Pero lo escuché completito. Luego lo deseché…

M2M: Pues sí, era de ocasión. Mi favorita era Mirror Mirror, supongo porque era la más desventurada de todas.

Blink 182: Lo que me gustaba era la irreverencia de los tipos cuando corrían en pelotas por la calle, nada más.

Aquí viene lo determinante y trascendente:


All That You Can’t Leave Behind: Este álbum fue el inicio de mi eterno gusto por U2. Con éste empecé y todavía no acabo. En el 2000 se llevaron un premio por la mejor canción del año por Beautiful Day y con esa empecé a escucharlos con suma atención. Mi favorita es Kite. No fue hasta la prepa que me hice grupie declarada.

Alanis Morrisette: El disco salió en el 99 y lo escuché hasta el 2001. Iba en segundo de secundaria y los niños comenzaban a ser un problema (...): aquí cabe bien “King of Pain”. Como buena adolescente enrevesada en una sublevación empecinada e insustentable contra todo, fuera autoridad o no; en ocasiones me asaltaba cierta culpa por ser mal portada e irreverente. Aquí suena “That I Would be Good”.

The Corrs: Y alguien nadaba en mi cabeza con la rola de “Radio”. Años más tarde habría de recordar la ignominiosa frase camino a Oaxaca. No se hable más del tema.

Californication: Los amé. ¿Recuerda usted aquél lúgubre vídeo de Otherside? Era mi favorito. Este disco lo recuerdo en el trance impreciso de la primaria a la secundaria, en oposición estruendosa a todo lo que escuchaba hasta entonces. Por eso los amaba

Asentado ya en este post mi escaso conocimiento musical en aquélla etapa y haciendo un recuento de mis días de secundaria, que no le quede duda, estimado lector: yo fui en ese distante entonces lo que hoy podríamos definir como el antecedente más inmediato de los emos. Horror de horrores… Resumen siniestro de mi adolescencia.

***
Quien acabe de leer este post puede quedar con un gusto insípido en los tímpanos. Pero fui yo en la época más desdibujada, en la fase más ambigua, la temporada gris en la que no era niña ni tampoco adolescente. Mis amigos eran todos mayores que yo, como a la fecha siguen siéndolo.

Confusión, ambigüedad e imprecisión. Esa era Karen que devino en Darinka.

Uno no puede negar lo que fue y seguir adelante como si nada. Sigo siendo tan Karen como Darinka, aunque tenga que repetir mi nombre hasta tres veces y terminar diciendo Karen… para variar.

Son esas épocas vividas las que nos convierten en las personas que somos y no otros, los que ponen en nuestra lengua determinadas palabras, los que dan timbre a nuestra voz y color a nuestra mirada: Yo soy yo y mi circunstancia.

Siga usted al pendiente de este blog medio olvidado y medio en desuso. Karen Darinka sigue aprendiendo a andar en bici…




jueves, 18 de junio de 2009

La Infinita Temporalidad de la Música- I

Siempre me pasa lo mismo: cuando al fin logro deshacerme de esta sórdida computadora y desempolvo algunos de mis viejos, viejísimos CD’s, la nostalgia me atraviesa la espina como morboso flechazo de tiempos pasados.
 
En términos mediáticos, -para aquéllos ociosos que no se separan de la tele- cada temporada de mi vida tiene su propio soundtrack. Y uno siempre vuelve a escuchar melodías pasadas, piezas cargadas de significación, sonatas gastadas, melancolías armoniosas, delirios musicalizados, alegrías sonoras y tristezas perennes perpetuadas en mp3, en CD, qué sé yo…

Seguro a usted le ha sucedido lo mismo, cuánto más si se ha desenvuelto en los pormenores de una corriente, paladeado las melodías de algún o hubo una época de su vida en que no soltaba el disco de (…) que de tantas veces tocado terminó por ser un diabólico remix del caos. 

Yo nací en la época en que los acetatos seguían siendo onda. Honestamente no lo recuerdo ya, pero a mis seis años ya tenía mi primer CD de… honestamente no me acuerdo, seguramente fue de alguna ñoñez popera de la que podría avergonzarme, así que lo omitiré negligentemente de la lista. 

Hago aquí un recuerdo cómico-mágico-visual-nostálgico de las melodías que marcaron profundamente los periodos de mi vida. No haga mucho caso de la impertinente mezcla de estilos… siempre he sido un cocktail de contradicciones. Comenzaré hasta donde mi desmemoriado archivo musical se puede estirar.

Temporada infantil: Los pavorosos 90’s

Yo fui el hazmerreír indiscutible de mis compañeros de primaria entre otras cosas, por mis gustos musicales. Claro, las escasas coincidencias que teníamos eran las únicas que me podían unir al grupo de niñas con las que me junté a lo largo de dichos años. ¿En qué coincidíamos aquéllos rufianes y yo? Obvio, en el pop más mediático y desdeñable de aquéllas épocas:

En las kermeses de la escuela, el minúsculo salón adaptado con papel de china en las ventanas y unas coloridas lucecitas prestadas por alguna solícita mamá no podían faltar estos hitazos...

Shakira: En esas fechas, para mí era onda. Cuando se tiñó rubia Miss Clairol se olvidó de agarrar la guitarra. “Estoy Aquí” era la más socorrida entre la chamacada. Aún escucho esas rolas de vez en cuando y no puedo evitar pensarme con mi falda azul tableada y mi mochila morada.

Fey: Cuando ella aún era joven todos trajimos el sonsonete de la canción esa “La media Naranja”. Confieso que yo también me puse pantalones a cuadritos y una mascada en la muñeca (…)

La Onda Vaselina: Corría el año de 1998 y en una de esas ramplonas celebraciones preferidas por los ñoños -el 14 de febrero-, un grupo de mocosos cantó a grito pelado la funesta melodía “Te quiero tanto, tanto, tanto…” Las maestras pensaron que sería buena idea cantarla como numerito del horror el día de las madres. Desde entonces odio los catorces de febrero; por cursis, innecesarios y por ser el día de la afectación nerviosa a ultranza.

Y aunque en esos tiempos no mascaba ni un “hello” me gustaban las tonadas de ciertas canciones en inglés...

Cher y Blondie: “Believe” y “María” fueron las rolas con las que recuerdo el fin de la primaria y su sexto año: 1999, para ser precisos.

Savage Garden: “Truly, Madly, Deeply” fue la canción preferida a la cursilería patólogica y la ridiculez innata de mis compañeras de salón.

Spice Girls: El Girl Power de las mujeronas inglesas me conquistó. A mi ingenuidad, su imagen tuttifrutti y su pseudo glamour fueron suficientes para hacerme cantar. ¿Quién no recuerda “Wannabe” y su tonada amigable y vivaracha?


Pero no piensen mal de mí. Cualquiera en sus inicios puede tener un tropiezo tan estrepitoso como yo, que caí cuan larga soy en las garras de la música popera más comercial. 
La razón por la cual los intolerantes granujas de mi escuela y por consiguiente sus mentecatos padres me etiquetaban de rara y rebelde se encuentra en estos álbumes:

Real de Catorce: Mis rolas por excelencia son “El Quinqué” y “El Taxi de los Sueños” sobre todo, porque como dice la canción, estaba casi siempre medio fuera de lugar. Cuando tenía como 10 años mi mamá me llevó a Rockotitlán (el original en Insurgentes) a verlos. Fue una gran noche…

Jaime López: Ya desde entonces cargo con eso. “Del calor a lo frío” y “Desenchufado” son mis rolas desde entonces. Y cada vez adquieren más significado para mí. Ahora mismo exploro la etapa literaria del buen López. 

Cecilia Toussaint: Va de la mano con Jaime. Cuando el hartazgo de las burlas se hacía insufrible, cantaba “Me levanté muy rara el día de hoy / Me siento bien pero me siento mal / Mejor por ahí me largo a dar el rol / Me siento bien pero me siento mal”

Julieta Venegas: Me gustaba desde Tijuana No. “De mis pasos” fue una de las rolas que me prendieron en la primaria. 

Café Tacuba: Cuando mi mamá me peinaba, solíamos cantar juntas “Las Flores”, que es sin duda la canción más tierna y amorosa que se haya escuchado en esta ciudad. Todo el Re es un retrato sonoro de mis días en la primaria. 

Botellita de Jerez: Ellos me enseñaron a decir las groserías más pedestres, con este disco comprendí el significado de los albures de mis compañeritos y me reía de sus nacadas. Cuando los niños me escucharon gritar un pendejo por primera vez, comenzaron a respetarme. 

Los Tres: “Déjate caer” fue mi primera rola viajada. Pensaba que efectivamente, la tierra es al revés y que la vida es imprecisa. 

Mexicanto: Una escena que no me puedo sacar de la memoria: Feria del Libro Infantil y Juvenil en el CNA, mis cuadernos nuevos el domingo anterior al primer día de clases y “Todo Vale Hoy” sonando. Y no podía dormir por el asunto ese de que un amigo no se encuentra tan sencillo.

Fernando Delgadillo: Solía despertarme aún de noche y llegar a las siete de la mañana a la escuela para el ensayo de la Banda de Guerra. “Carta a Francia” siempre fue mi favorita.

Fito Páez: Otra contribución de mi mamá. “11 y 6” me volvió loca. Supongo que fue la historia que cuenta, porque los de la canción eran niños como yo o porque yo también iba a cumplir once años.

***
No sé si fue el sobresalto de los veintidós o la nostalgia que un día mi Ipod sembró en los cajones de mi corazón. Pasé la semana entera en una introspección a fondo, recapitulando lo vivido, hojeando el álbum de fotografías de la memoria. 

Aquí no se acaba la historia, estimado lector. La lista es larga y los discos escuchados están apilados en caótico desorden en mi habitación. Pensé en hacer un solo post con mis comentarios, pero la lista se prolongó de más y los recuerdos se hicieron océano. 

Quizá, si las coincidencias entre usted, que lee este blog y yo, que me entrego sin peros a los juegos perversos de los recuerdos se hagan dicha y simpaticemos en uno o más álbumes. 

Al infinito y más allá…

jueves, 4 de junio de 2009

Carta de Karen a Darinka

Permíteme felicitarte una vez más. Bien sé que ya es 4 de junio y el tiempo de las felicitaciones cumpleañeras ha cesado ya, pero no puedo evitar seguirme congratulando por un año más. Y es que veintidós años no son cualquier cosa, y menos con la intensidad con la que has vivido...

Bien sé de los obsequios que el mundo ha traido hasta tí el día de hoy: un escándaloso cinco que se suma a tu infausto historial académico, una mordida por ser sorprendida celular en mano y además de todo, sé que estás malgastando estos minutos que deberías de ocupar en terminar tu trabajo final para una insensata materia que no te ha dejado más que tiempo perdido. 

No seas ingrata, Darinka... no seas ingrata. De cualquier forma poco te interesa la administración y eres igualmente corrompible. 

Debo recordarte que de las llamadas recibidas, todas ellas fueron significativas; de los mensajes y de los comentarios que fueron revestidos de cariño en cada palabra, de los mails que sobrellevaron el mar y llegaron intactos a tus ojos, de los chocolates con bendiciones que dejaron en tu cama o de los mariachis trasnochados que tocaron a tu ventana.

No hace falta que me digas que éste fue un día de tantos, porque las calles se colmaron de tránsito furioso, porque de un momento a otro te llovieron claxonazos o las noticias fluyeron en su misma caótica constancia y el oprobio político no diminuyó en su cizaña electorera.

Pero hazme el favor de asomar tu nariz escaldufa por el ventanal de tus desvelos: la sábana cósmica se ha despojado de su velo de nubes y te obsequia -por lo menos esta madrugada- la fotografía de una media luna y las estrellas más brillantes bordadas en su superficie. Has quedado empastelada de ternura y tu mirada está constelada de porvenir.

Yo, por ser tú misma sé que tus ojos delatan tus veintidós y la incertidumbre no se ha esfumado de tus palabras. Basta ver con cuánta desmesura te conduces. 

Sé que agregar un año es agregar la misma impaciente urgencia de amor y sé que las mañanas seguirán deslumbrándote en su esplendor, lo mismo hoy que cuando tenías quince. 

Yo, por ser siempre tú y porque somos la misma, sé que no hay mejor regalo que el poder contar que cumplimos veintidós y que aún habrá muchos chaparrones de abrazos, impensados raudales de besos y significativas cartas escritas en el cielo con tinta de cometas.



Gracias a los que se acordaron y también a los que se les pasó... Los quiero a todos:
(En órden alfabético, los que se acordaron:)
-Abraham       
-Ahmed
-Alejandro
-Anahí 
-Armando
-Azucena
-Darko
-Dave
-Erick
-Ernesto
-Esmeralda
-Fabián
-Fernando 
-Gladys 
-Gustavo
-Hugo
-Ittzel 
-Jorge
-Jorge 
-José Antonio
-Juan Luis
-Lourdes (Obvio)
-Lydia
-Migues
-Rubén
-Vilchis
-Thania

Y también de los que ya no me acuerdo!!

lunes, 25 de mayo de 2009

Un año de Bicis: Y sigo aprendiendo...


Darinka rides her bike...

Por muchos años busqué aprender. Malgasté mi infancia en ñoñerías como la lectura y la pintura. Nunca fui destacada en ningún deporte y poco me importaba, pues los pelafustanes esos que se ufanaban de velocidad eran lentos de pensamiento...

Estaba por cumplir 21 años y no podía adivinar nada de lo que sucedería después, andando persistentemente en mi incansable y pequeña bicicleta imaginaria.

Me caí, no una, sino muchas veces; una de ellas la más dolorosa de todas, en el septiembre de los jazmines. 


Aún hoy, un año después de mi descubrimiento más lúdico y delicioso dí un par de traspiés en mis pedales... sigo aprendiendo.


¿Cómo cambiar la melodía del viento cantándome coplas de libertad? ¿Se puede negar el ánimo de velocidad en una calle?

No hay manera de negar que andamos en bici mucho antes de que aprendieramos a darle equilibrio a nuestras llantas, y pedaleamos bajo la incierta zozobra de darnos un chingadazo en el asfalto. 

Pues sí... son los incoventientes de amar. 

Y de aprender a andar en bici...