viernes, 20 de febrero de 2009

El Empeño de Volar

Quien cometa la infamia inconsciente de decirme que no se ha soñado a sí mismo volando cuando menos una vez en su existir, en la feroz afirmación vendrá implícita su condena: usted no es humano, aunque vaya por la vida aparentando que lo es, o de plano es un mendrugo de existencia que no ha soltado aún las cadenas de la realidad que lo mantienen pegado al piso.

Provisto de alas o de un invisible hilo conductor celeste, empapado del estupor del vértigo por el vacío o con la ligereza de las aves, quien se contempla en sueños surcando las atmósferas más lejanas a nuestra condición terrenal es tan normal como poner los pies en la frialdad del suelo matutino al despuntar el alba.

Seamos honestos, estimados lectores... la humanidad se ha empecinado en volar. Somos tercos, empeñados en lo imposible, envidiosos de las aves, necios obstinados de las nubes y desdeñosos de la tierra. Recuerdo bien aquélla venturosa comparación: los omóplatos de nuestra espalda... las alas que no llegaron a crecer.

La persistencia por otras atmósferas ensanchó la imaginación de nuestros inventores en su faceta más soñadora: desde Da Vinci a los mentados hermanos Wright.

El tiempo pasó y nos trajo un avión: torpe manera de despegar, el insulto mecánico al cielo, una herejía tan mundana como el atrevimiento mismo de querer volar sin que se nos haya concedido el derecho, la herejía de las alturas con motor y el desafío a las normas no escritas de la impericia humana y social.

Dicho lo anterior, aclaro a mis lectores que nunca he puesto un pie en un avión, aunque en una ocasión tuve la insolencia celeste de surcar el cielo capitalino en un helicóptero. Para mi ingenua fortuna, tuve la feliz ocurrencia de no morir en el atentado.

Darinka: Noviembre de 2006

Los sucesos recientes en su constancia actual nos quieren decir algo: el hombre, por su calidad de humano despojado de virtudes cósmicas, tiene prohibido volar. No es gratis que las aeronaves tengan que acuatizar, como tampoco es coincidencia la gran cantidad de accidentes aéreos sucitados en días anteriores. Tan sólo en un día, tres aviones se precipitaron al suelo: Buffalo, Los Angeles y Londres fueron los lugares donde la desvergüenza por los aires finalmente se cayó.

Los amantes de la modernidad y los viajes habrán de enfrentarme y decirme que jamás llegaríamos al otro lado del mundo si no existieran los endemoniados aviones. Pero el periplo que comienza en el suelo, en el suelo acabará... de mejor o peor manera.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Échenme la Sal


Primero colgaron la prohibición como conocidos signos en las paredes y nos relegaron a un afuera eterno, condenándonos a un permanente exilio de los tibios interiores: si quiere usted fumar, haga el favor de hacerlo allá afuera y sáquese de aquí. Los empecinados viciosos de las humaredas arremetimos primero para después hacer mutis ante el oprobio color verde brócoli y el victorioso cantar de los saludables hipócritas.

Después se les acabó la fiesta. Hablo por un ellos anónimo y no por mí porque mis madrugadas las paso en mi recogimiento y no en un bullicioso subterfugio de escándalo y bebidas galantes: si quiere usted fiesta, haga el favor de hacerlos en su casa porque cerramos a las dos y media; así que vaya pensando en irse de aquí. Los primeros en poner el grito en el cielo fueron los propietarios del guateque y el agasajo, quienes de seguro no tendrán otra más que fumarse la naciente normativa.

Finalmente nos retirarán los saleros de la mesa y departiremos lo insipido en nombre de la salud. Si quiere usted condimentos, haga el favor de traerlos usted mismo, es por su bien. Imaginemos la comiquísima imagen de los necios salados desenfundando en el misterio de lo ilícito un salero de su bolsa para rociarlo en los alimentos como si se tratáse de un arma.

Tal parece que la pauta a seguir es una lastimosa intromisión en los hábitos del ciudadano promedio. No fumar, no tomar, no desvelarse. ¿No es acaso una pavorosa grosería? ¿No es una cobarde bravata de quienes se gastan sus salarios en excesos tan extravagantes como antiestéticas Hummers y lujos insultantes? Insolencias públicas e hipócritas, mogijatas desfachateces, desvergüenzas contradictorias, un cúmulo de miserables sentencias sin fundamento...

Las prohibiciones van más allá de lo meramente saludable y se inmiscuyen en el terreno de lo sumamente personal. En Chihuahua, en cierta escuela de enfermería han restringido el uso de piercings a los alumnos varones: dicriminación muy bien delimitada. Ya ni hablar de quienes injurian contra las minifaldas y los escotes, o los alborotos recientes de destacados medallistas olímpicos, o bien las interrupciones de Verdi en Radio Educación por la tan sobajada reforma electoral.

Se ha vuelto costumbre las recalcitrantes intromisiones de quienes se ufanan de buscar lo mejor para el colectivo. Es como si dijeran vuelváse asceta y entierre sus placeres en el jardín.

Evocando a la mogijatería y una violenta simulación de bienestar para someternos a lo bien visto por un reducido grupo de fanfarrones. Luego vendrán las regulaciones del pensamiento. 

Éstos sí que nos están echando la sal.


viernes, 30 de enero de 2009

En las Postrimerías del Primer Mes

Es este primer mes el que nos deja entrever sutilmente lo que nos espera el resto del año. De entrada, despedimos enero con el cartel oficial del venidero Coachella 2009. Sin ser docta en materia musical y con todas los peros que me quieran poner (adelante, háganlo), considero que hay buenos grupos en la lista. A los ojos me salta Molotov.

Recuerdo aquél memorable desmadre en el Motorokr Fest 2007 al momento en que salieron al escenario. Pero carajo, éramos todos más chilangos que el Zócalo y todos conocemos de una u otra manera las altisonantes letras y las tonaditas simplonas. ¿La harán o no?



A mí en lo personal me satisface la lista de invitados al festín: Mc Cartney, Winehouse, Morrissey, Franz Ferdinand, The Ting Tings, Bajofondo (otra sorpresa del sur), Los Campesinos!, The Killers, Band of Horses, Yeah Yeah Yeahs y por supuesto The Cure están entre lo que me gustaría ver.

De mi parte, es reprobable que a estas alturas de mi vida, cuando ya me puedo echar legalmente unas cuantas cervecitas, no tenga aún ni el mugroso Passport.

Lo que Enero nos dejó…

¡Aguas! Porque no va a haber. Enero se va y nos deja tres angustiosos días sin la vitalidad acuosa que tanto necesitamos. Aquí en mi casa nos hemos visto con la carestía ya desde hace algunos años. Al pertenecer a Iztapalacra, perdón, Iztapalapa; la fluidez deja de ser una constante en épocas de semana santa y fechas afines. Recuerdo con horror incrementado las escandalosas fechas sin agua hace un año. Ni para tomar había, en verdad.

Habré de salir con anticipación de casa. Se avecina una marcha… 

Querido lector: acostúmbrese al tráfico, porque la temporada de crisis y marchas ha llegado. Otro legado del enero que se va.

***

Aún no se acaba el mes y la cosa ya empieza a ponerse cursi. Con todo y que el tema de EL día ese, es medio despreciable por sí mismo, no deja de ser patético tener que vivir fechas así. Quien como yo, que desde secundaria los vivo con indiferencia manifiesta; este año contemplo la apoteosis de lo grotesco.

El tema es bastante difícil. Querer enriquecerse en nombre del amor o vanagloriarse de despreciar el día que por convención se le dedica es cosa que me irrita. Me irrita más puesto que este año los simbolismos y las cursilerías que de ello emanan me son aún más despreciables. Más que grinch, soy anti-mamadas como este día que evocamos antes de tiempo.

Tiempo al tiempo, estimados. Ando buscando un estante donde poder almacenar lo sucedido.


lunes, 26 de enero de 2009

Interrogantes

Me irritan las personas que nunca en su existencia se han preguntado cuestiones primordiales, y siguen por la vida, caminando por inercia con la estúpida certeza de que todo cuanto nos han dicho es cierto.

Es feliz quien no se cuestiona, un imbécil alegre quien tiene seguridades y no se molesta si quiera en cuestionarlas. Eso, en cierto modo, ofende a mi sensibilidad. 

***

Un nuevo semestre está en puerta. Con seis materias reprobadas por iniciativa propia; el paisaje académico para el semestre por venir es un tanto desolador. Pocas veces he comentado esto, pero cuando cursaba ya el tercer semestre supe que había errado la carrera. 

Cuando paseo mis desdén por los pasillos de la escuela, pregunto a mi consciencia, como si en ella estuviera la respuesta, si todos los asistentes se han cuestionado las razones que los llevan a pasar una pingüe cantidad de semestres tras las aulas. 

Las inscripciones a mi carrera serán en unas horas. 

Mientras platicaba con Karina, constaté que por mucha experiencia profesional que haya tenido en materia periódistica, de nada me sirve porque no he terminado mis créditos. Ambas tenemos el mismo problema. Su tentativa de tesis es brillante, misma que no comentaré, pero que si acaso planea llevarlo a la práctica, apoyaré sin chistar.

¿Alguna vez, querido lector hasta el momento anónimo, te has cuestionado las razones que te llevaron a estudiar, los vaivénes que te trasladaron hasta donde estás o las ganas que ignoraste por hacer las cosas mejor?

Me irritan las personas que nunca lo han hecho, pero más me sulfura el saberme a mí misma una periodista que debió estudiar Ciencia Política. 

viernes, 23 de enero de 2009

Año electoral y las disculpas de una escritora desobligada

El 2009 no tuvo nada de nuevo ni siquiera el 1 de enero. Lo que sigue es ya muy conocido por los mexicanos: crisis y elecciones federales. Pero no nos apresuremos y agrupemos los sucesos en orden.

Desde que tengo memoria vivimos en crisis. Yo nunca viví en épocas de vacas gordas. Lo que viene ahora es una profundización de nuestro estado permanente de depresión (hablo en materia económica, eh). Día a día se nos dejan venir las nuevas de que tal o cual empresa despidió a millares de empleados, que si la bolsa retrocedió de manera estrepitosa, que si habrá un paro técnico en un montón de empresas. Y luego vienen a decirnos que este año habrá crecimiento cero. (Ah caray… ¿apoco habíamos crecido antes?) 

Con la llegada de Obama a la Casa Blanca los ingenuos creen que las cosas van a mejorar. Supongamos que el señor es un buen presidente. La premisa de todo buen presidente es crear un estado de bienestar para su nación. Y nosotros, por muy gringos que nos sintamos hablando inglés y otras nimiedades, seguimos siendo Mexican Currency, pesitos de a catorce por dólar. Seguimos siendo ilusos buscadores de héroes que vengan a salvarnos de las garras de la recesión y muchos apuestan a que Obama sea la solución global a todo: guerra, política, crisis, migración… (Puede agregar aquí el tema que más le preocupe). 

En unos días más viene un gran elefante blanco: el Foro Económico Mundial de Davos. Sin ser docta en materia económica, es claro que los estados habrán de intervenir en las políticas económicas de su país, inyectarán lana donde sea necesario y las cosas más o menos se compondrán. Los que antes enarbolaban la bandera del Neoliberalismo irán con la cola entre las patas. No es necesario ser economista para deducir que el mercado por sí solo es miope y corre sin lentes. Las cosas se reducen a una mala elección: muchos gobiernos eligieron muy mal en su momento la forma como habrían de conducirse con los bolsillos llenos. Las consecuencias ya están aquí.

Y ya que hablé de malas elecciones, pasemos a lo electoral. Comenzamos el 1 de febrero en el naciente municipio de Tulum en Quintana Roo como una probadita de la grande de julio 5. El IFE ya prendió los monitores y está dispuesto a sancionar a quien se adelante. Que quede claro que esto lo dice de dientes para afuera. 

La democracia usa métodos oligárquicos. Basta echar un vistazo al interior de los partidos políticos y ver cómo se las gastan para elegir a sus candidatos. La siguiente legislatura estará llena por el método de elección directa (léase, dedazo). Pero eso sí… no olvide que la democracia se nutre de ala participación ciudadana en las urnas.  Los científicos políticos aseguran que esto no resta en nada legitimidad al proceso (…) 

Es tiempo de elegir. ¿Qué escoge usted, pan Bimbo o Wonder? ¿Acaso no hay más opción? No. Es lo que hay. Yo hace mucho que dejé de tragarme la idea romántica de la democracia como la panacea de la sociedad. 

***

Caí en el desuso de este blog, no por desidia o por haber sido presa de un bloqueo literario o cualesquiera  que puedan ser sus vertientes. Digamos que fue una pausa precisa y casi requerida en esta obligación casi religiosa que tengo por escribir. A la postre de un desolador enero del que muchos prefieren no guardar memoria, vengo aquí a plasmar una que otra impresión. 

Una de las cosas que me motivó a retomar este espacio (espero de manera un poco más constante), fue la lectura del blog de la fundación Saramago. Sírvase quien tenga a mal leer estas palabras y tome los párrafos introductorios como una redención confesa del casi autor que no publica. Ni modo, mis periodos de bipolaridad no me permitieron hacer públicas ni una de las palabras que transcribí en la bitácora de mis días. 

Habré de regresar a lo mío. 

Las elecciones no sólo se dan en el ámbito político-social. Hay que escoger el mejor modo de pensamiento para que la realidad sea un poco más llevadera, escoger entre actuar y permanecer estático, hablar o quedarse callado. A veces es mejor emitir un voto de silencio. O en blanco.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

De las múltiples formas de querer contar una historia


Y el periodista tuvo ante sí la noticia y quiso contarla. Y tuvo en sus manos la posibilidad de narrarla de distintas maneras. Con el suceso en su poder, el informante puso sobre la mesa los diferentes géneros periodísticos de los que habría de valerse para dar parte de la realidad.

Con sumo cuidado, pero con la premura inherente a los episodios, el periodista adoptó el nombre de reportero y contempló la posibilidad de hacer que sus palabras se transformasen en una nota informativa, siendo sus principales aliados la objetividad, la brevedad y la sencillez; pero la encontró demasiado escueta, pobre en detalles y carente de elementos literarios.

Reparó también en la alternativa de crear una crónica, y sus herramientas fueron la descripción meticulosa y la narración detallada con gesto cronológico; pero encontró en la crónica la futilidad de la temporalidad y la distancia de quien sólo cuenta lo que sus ojos vieron sin querer ir más allá. En ese afán de trascendencia en los hechos, quiso hacer preguntas y se volvió entrevistador, pero encontró que la entrevista centraba su razón de ser en el personaje cuestionado, dejando de lado los sucesos.

Finalmente, como reportero que quiso ser, encontró el reportaje y pudo conjugar la nota, la crónica y la entrevista revestidas de investigación detallada y pormenorizada, con la cualidad de la trascendencia en el tiempo y el espacio. El periodista encontró por fin su vocación de reportero en el reportaje, pero advirtió a final de cuentas que el reportaje no le permitiría plasmar su sentir, su visión y sus opiniones todas. El periodista optó por dejar de ser reportero.

Sin dejarse vencer luego de este primer concienzudo análisis de los géneros periodísticos, el periodista que quería imprimirle criterio a sus historias inquirió en su argumentación y en la responsabilidad que conlleva el plasmar sus consideraciones para el público.

Adoptó el nombre de articulista y se valió de su persuasión y su retórica para poder contar su historia en artículos; pero se enfrentó a la dificultad de la intermitencia en la regularidad de sus palabras. Tomó el nombre de reseñista, pero su panorama se acortó a los sucesos culturales. Valiéndose de los elementos lúdicos del lenguaje visual, se pensó cartonista y dibujó su realidad con los elementos inquisidores de la mordacidad y la brevedad; pero lo encontró sumamente juicioso y temporal.

Sin perder la paciencia y a sabiendas de que su intención era la de emitir juicios y valorar la realidad, el periodista se puso la camiseta de la editorial y marcó la línea de un medio, pero ante el carácter de anónimo e inmutable de la editorial terminó por desistir.

Por último, se colgó al cuello la etiqueta de columnista y encontró en la columna un lugar fijo para plasmar su opinión; la actualidad fue el pan de mesa y la periodicidad de sus argumentos se volvieron cotidianidad en sus palabras.

Cuando el periodista despertó, se dio cuenta que sus noticias habían pasado por cada uno de los géneros periodísticos y se supo a sí mismo pleno por haber desarrollado la locuacidad en una multiplicidad de formas de contar la historia de una realidad colectiva. Cuando el periodista despertó, supe que era yo.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Clases de economía

Los necios irreflexivos de la realidad siguen hablando de crisis en el mundo, se empecinan en crear rumores de un trance global que habrá de acercarnos peligrosamente al caos. Ante estos panoramas, amor mío, sigo pensando que a los insensatos como yo, esas noticias nos pasan de largo porque la depresión que viene, más que económica, es amorosa.

En el mercado especulativo del amor, el gasto corriente de los besos ha visto menguada su circulación cotidiana; los sueños dejaron de cotizar en la bolsa y la tasa de interés de tu tiempo se disparó a las nubes. He pensado seriamente en ir al banco de los sentimentalismos y pedir un préstamo a tasa fija de mañanas dedicadas a mí, pero desperté con la noticia de que la tasa de cambio de la ilusión perdió valor hasta volverse irrisoria y que por casi tres meses de delicias y sustanciosos sueños, en ventanilla apenas habrían de devolverme una llamada impregnada de sonrisas y un cúmulo de mensajes de postergación.

Subasté una parte de mis anhelos y quimeras en el mercado cambiario de tu raciocinio como medida precautoria ante la inminente recesión de tiempo. El índice de cotización de mi melancolía alcanzó un inimaginable número de unidades en la jornada de una mañana en tu recuerdo y las reservas de mi paciencia se agotan ante la demanda constante de impaciencia por verte.

La moneda con la que solía pagar la factura de esta historia eran mis palabras revestidas de ternura, aunque la denominación de mis letras ha perdido terreno en el mercado de la devastadora realidad. Venció el plazo para los activos de la poesía y olvidé presentar mi declaración anual de madrugadas malgastadas en dormir sin soñarte. No tuve ni un centavo de olvido con la cual pagar la factura de esta historia porque mis inversiones las hice con recuerdos a largo plazo y creo que aunque la debacle amorosa se agudice, no se ha vencido el plazo de inversión en el mercado de operaciones de tu insensatez.

Es así como hago una maestría en finanzas del alma y economía romántica, porque me baso en la premisa de que uno más uno sigue siendo uno aunque te piense a la distancia y el trecho que nos separa sea más profundo que el mar y más largo que la noche.

Prefiero pensar que la crisis termina en la intranquilidad de tu boca y en la tormenta de tus besos, que la carencia de sueños si dejo que mi amor ande tras tus pasos aunque no los puedas ver.

Porque supe que esa estela de luz en tus ojos fue amor y lo que salió de tus labios fueron besos cargados de alegría y a final de cuentas tengo la certeza de que este cuento no quiere dejar de contarse y estas letras no quieren dejar de escribirse.

Y es que no hay inversión más segura que apostarle a la ilusión venidera en el mercado de nuestro amor, aunque la incertidumbre sea la tendencia a la especulación.


miércoles, 5 de noviembre de 2008

La muerte me cayó del cielo. El último adiós a Mouriño

En un mundo ideal, este sería un espacio dedicado a la publicación cotidiana de mi sentir. Pero me doy cuenta que este no es un mundo ideal, como tampoco lo es este blog. Por eso, lejos de redimirme hipócritamente con mis amables lectores por haber dejado tanto espacio entre esta y mi pasada entrega, les relataré con mórbido gusto lo acontecido a sólo una cuadra de mi habitual lugar de trabajo.

Algunas personas me tacharon de imprudente e irreflexiva al decir que el fin del mundo estaba cerca. Dados los sucesos recientes, queda claro que mis vaticinios no estaban tan alejados de ésta, nuestra realidad inmediata.

Pero pasemos al clímax de este relato, lector anónimo, que seguramente es lo que estas esperando.

***

Esta tarde, la muerte cayó del cielo a una cuadra de mi oficina. Y pude ver cómo la opacidad del humo de la confusión invadía las calles aledañas a mi quietud, pude escuchar la confusión en la onda radial, ver la ignorancia momentánea en una pantalla y percibir la turbación en el aire: una avioneta cayó justo al centro de Lomas de Chapultepec, cerca del Paseo de las Marchas y la Avenida del inagotable tráfico.

Y al principio pensé que del cielo comenzarían a llover aeronaves, o que el bullicio producido se debía a la nausea de algún piloto distraído.

Lo que vino después fue la confirmación de un evento tan improbable como inimaginado: Juan Camilo Mouriño murió.

Cómo no extrañar mis épocas de vivencia reporteril, cómo no extrañarse de que los hechos sucedan a un paso de mi distracción… por eso, cuando las aguas ya se habían apaciguado un poco, fui a comprobar con mis propios ojos que la muerte se aparece a la vuelta de la esquina.

Y al subir el puente tuve que hacer uso de mi retórica con cara de credencial; pero al bajarlo pude contemplar los trozos de lo que en algún momento fue humanidad desparramados cuán larga la calle es y un torrente de gendarmes tan confundidos como los testigos de aquel impensado suceso. Las inmediaciones de mi cotidianidad estaban cercadas por el ejército y por la policía, y un cúmulo no menos numeroso de reporteros saciaba su sed de imágenes bebiendo lentamente por la lente de sus cámaras.

Quedaba un rastro de humo en las calles y en el aire se respiraba incredulidad. El cielo quedó despejado de nubes y de dudas y en la aceras reinaba un silencio escéptico, pero devastador.

Los pronósticos luego de tan penoso suceso no pueden ser más desalentadores: si eso le pasa al encargado de la política interior de esta nación, los mortales sin fuero estamos condenados a la perdición.

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Lo que más me conmueve, sin duda, es la muerte de Miguel Monterrubio Cubas, quien fuera en vida director de comunicación social de la Secretaría de Gobernación. Lo conocí en Yucatán aquél confuso 2007, cuando era el encargado de la dirección de Prensa Internacional de Presidencia de la República durante la visita de Bush a México y donde se fraguara lo que hoy conocemos como Plan Mérida. Todavía a principios año lo visité en su recién estrenada oficina en Bucareli, cuando me enteré que sería el encargado de la comunicación social en Segob. Y pensar que en apenas un suspiro se esfumó la vida de quien conociste alguna vez y que a solo unos metros de tu calma encontró su intranquilo final. (q.e.p.d.)

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Vaya día fue este 4 de noviembre: México supo de aviones que se desploman y carreras que despegan del otro lado de la frontera. Vaya 4 de noviembre inolvidable para quien escribe estas letras, que hoy del cielo le cayó la muerte y la verdad. Vaya 4 de noviembre para el devenir de un país que no sabe de accidentes pero sí de atentados.

Sea cual sea la inclinación política de quien pase sus ojos por estas letras, no cabe duda que el fin de un funcionario no debe ser su muerte aunque de ahí pueda provenir su gloria. Porque los aviones se hicieron para echarse a volar y no para dejarse caer, no importa quién venga en los asientos.