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martes, 30 de septiembre de 2008

La apoteosis de las caidas




Por vez primera desde que aprendí a andar en bicicleta tuve que sentir con toda su crueldad lo que se siente caer.

Como todas las caídas que he vivido, ésta fue estrepitosa y en extremo dolorosa.
Lo primero que cayó fue mi hombro izquierdo y rematé con un pequeño rebote de cabeza. Lo siguiente fue llanto y una confusión mezclada con nauseas y mareos, además de una justificada falta de serenidad y pánico por el dolor. Una caída bastante vulgar... muy a lo Felipe Calderón.


La rueda delantera de la bicicleta de Miguel (que era la que yo manejaba en ese momento) desvió su rumbo y chocó contra la estrecha banqueta que rodea el igualmente delgado circuito… súbitamente y sin que pudiera al menos hacer un movimiento para evitarlo, mi cuerpo dio contra el duro asfalto hecho para llantas.




(Yo antes de caer)

Sigo cayendo, sigo cayendo… se cae el mundo y se caen mis historias, se cae mi país y se cae mi semblante, caen los dizque criminales y caen las verdades después. Parece que todo termina por caer aunque en apariencia marche en un par de ruedas.



http://rueda-libre.blogspot.com/ (Por las imágenes robadas)

martes, 16 de septiembre de 2008

¡¡¡Grita!!!

Observe usted el menú de la intolerancia y la polarización para este aniversario independiente: Primer tiempo: El grito de los libres, aderezado con mucho Andrés Manuel y mucho López Obrador. Segundo tiempo: El grito de los incautos, con un Marcelo en el centro y poca difusión. Tercer tiempo: El grito de los oficiales, sazonado con un hombro roto y mucha parafernalia. Yo paso sin ver… dos años de gritos dizque independientes me han dejado indigesta.




En 2006 casi no lo cuento, pero hubo una balacera muy buena en el centro luego del grito de Encinas (acuérdese, a Fox lo mandaron a un rancho a dar el grito para que se sintiera más cómodo). Olvidémonos de los pormenores sociales y culturales; pues lo que más recuerdo de ese septiembre es una evidente confusión, una volatilidad exasperante y un no saber qué es lo que sigue.

Al año siguiente -que fue el año pasado-, con 20 años y un día que quiso ser libre y terminó siendo de trabajo, terminé agarrándome a golpes con un par de pejefans radicales que tapaban mi cámara, regresé a casa y no sabía con certeza dónde había dejado mis tímpanos: seguro se me apagaron en la guerra de sonidos de los oficiales y los disidentes. Para ese año mi confusión tenía la misma magnitud, pero distinto semblante.

Este año, ni siquiera me paré por el Zócalo. El trabajo, bendito trabajo, me dejó haciendo mis someros análisis de panoramas impensados. Como era de esperarse, el cielo escupió en la Plaza de la Constitución en forma de lluvia y tengo la seguridad de que hubo por lo menos un par de confrontaciones aisladas en esa convención de mexicanos no independientes.

Gritemos pues, por una independencia lanzada al olvido, por los héroes retorcidos en su tumba, por una justicia corrupta y la libertad de los necios; gritemos por el encono social y por la impotencia y la impunidad (palabras que se escriben casi igual); gritemos por un devenir social incierto y por la no historia que nos rodea. Gritemos, mexicanos, y que nuestro grito se escuche en la última embajada.

Forjando Patria - Botellita de Jerez

(Una canción muy ad hoc al ambiguo sentimiento patriótico)

***

Tenía la idea de que un blog era algo muy parecido a vaciar en una página los idealismos y las desavenencias mentales que se le vengan a uno a la mente. No se crea, querido lector de esta entrada, estos días me ha dado por escribir de más, pero nada que sus ojos estén destinados a leer. Así que si no gusta de leer emotividades y personalismos, sáltese este apartado.

En los párrafos anteriores lo esbozaba: septiembre no es un buen mes para mí. Con todo el peso de una absurda idea de independencia se me vienen encima los pormenores de una vida escrita con el bolígrafo de un loco escritor de cuentos oscuros. Septiembre me trae también un día de asueto en el que tendré que trabajar. Septiembre es sinónimo de confusión. Quien bien me conoce, sabrá que septiembre se me llenó de música y de poesía, pero mi voz canta la canción de la insoportable incertidumbre. Quién sabe qué es lo que busca quien se cuestiona cosas fundamentales e indispensables como el brillo del sol o las corrientes de aire que respiramos, o simplezas tan constantes como los latidos de nuestro corazón. Lo cierto es que septiembre sí se me antoja tricolor: verde esperanza, blanco unidad y rojo sangre. Septiembre también me trajo un viejo encuentro con una amiga que puso su corazón en la nevera.

Gritemos, gritemos, gritemos... porque si no lo decimos, se nos hace ronca la voz.
¡Viva México!

domingo, 24 de agosto de 2008

Oro, Plata o… plomo




Dos de oro y una de bronce. Victoria que sabe a mediocridad, como siempre. Le dijimos adiós a dos semanas de transmisiones de ensueño desde el país de los terracotas, le dijimos adiós a la competencia desalmada entre potencias y China se legitima como potencia mundial. Le decimos adiós a Beijing como le dijimos adiós a las medallas cien veces prometidas. Le decimos adiós no solo a la promesa de medallas, sino a un cúmulo de promesas materializadas en reuniones de insensatos.

Con bombo y platillo, con parafernalia de más… así llegó y así se fue el Consejo Nacional de Seguridad la semana pasada. Se nos prometió, de entrada, una foto entre Marcelo y Felipe, y nomás no hubo; se nos prometió acciones para acabar con la inseguridad, tema que surgió del impulso mediático; se nos prometió un acuerdo en concreto, se nos prometió la libertad de andar en la calle a las tres de la mañana sin que andemos cuidándonos de las sombras nocturnas. Y así, con todo y promesas les dijimos adiós también a los governators, a los procuradores y al señor Martí.

Y es que me queda claro, ahora que está tan de moda hablar de olimpiadas y de seguridad; que en las olimpiadas de la inseguridad tienes de a dos sopas: plata o plomo. Vaya, acuérdese del “o copelas o cuellos”. En esta frase se encierran varios conceptos: China, narcotráfico y amenazas. No hay oro, no hay bronce… sólo plata (la lana que nos deja el narco) o plomo (…)

También les decimos adiós (afortunadamente y para mi desbordante alegría) a esa aberrante agrupación que se hizo llamar RBD. Luego de esa noticia, en varios países (obvio, en México estuvieron presentes en Paseo de la Reforma) han habido manifestaciones de un numeroso séquito de rebelde-fans. Y es que claro, en eso de hacer marchas y manifestaciones por cualquier nimiedad, en México nos llevamos medalla de Oro. La que viene es el 30 de agosto, por cierto.

En Sinaloa, las chavas le dijeron adiós a las minifaldas y a su libertad. Ahora resulta que la iglesia se dirige a primates que se guían por sus impulsos y nosotras, pecadoras de marca que andamos azuzando sus bajezas al enseñar las piernas, pagamos los platos rotos. Yo por eso, me digo postmoderna y además con gusto de romper discursividades retrógradas.

En cuestión de partidos, los del PAN le dijeron adiós a Javier Corral, y los del PRD le dijeron adiós a las elecciones hasta el 2010. Ni modo, no supimos quién se llevó la de oro, si Chucho o Alex, pero por decisión del jurado se la quedó Lupe.

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Y ni modo, con todo y su plata, el señor Martí tuvo que decirle adiós a su hijo Fernando, porque a él le tocó el plomo.

Nosotros tendremos que decirle adiós a nuestra plata por tiempo indefinido y acostumbrarnos a escuchar que hay plomazos en todos lados. Hasta que se nos ocurra romper con el discurso.